LA SEXTA TROMPETA

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La sexta trompeta (9:13-21)

El juicio de esta trompeta del segundo ay, aunque es parecido al juicio de la trompeta anterior, es de una naturaleza mucho más grave. Aquí se agregan nuevas fuerzas desoladoras a las numerosas huestes, a la fuerza de los caballos, al león y a los escorpiones. Las multitudes son más numerosas y las cabezas de los caballos son como cabezas de leones. Cuando el sexto ángel tocó su trompeta, Juan escuchó "una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios" (9:13). El altar de oro estaba en la presencia inmediata de Dios y recibía el incienso ofrecido, el cual era símbolo de las oraciones y la adoración del pueblo de Dios. Aquí el altar de oro nos recuerda que los juicios que siguen vendrán en respuesta al clamor de los santos perseguidos y martirizados: "¿Hasta cuándo, Señor?"

El cuarteto especial de ángeles tiene una ominosa tarea que cumplir y su voz unificada y autoritativa llevaba la respuesta de Dios a los clamores de sus sufrientes hijos. Ahora van a ser vindicados. El número cuatro es significativo, porque es el número de la tierra y sugiere universalidad. Hay cuatro estaciones en el año y la tierra tiene cuatro ángulos. Los cuatro metales y las cuatro bestias de Daniel 2 y 7 representan los cuatro imperios mundiales: Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma. Las cuatro divisiones de la raza humana son naciones, tribus, pueblos y lenguas (Apocalipsis 7:9).

El cuerno simboliza fortaleza y poder (Salmo 132:17) y el altar de oro habla del privilegio de la adoración y la comunión que únicamente eran posibles a través de la sangre que era derramada sobre el altar de bronce. Habiendo estado encadenados al altar en obediencia de amor hasta que se necesitara de ellos, los cuatro ángeles (esclavos de Dios por amor) ahora son liberados para llevar a cabo su tarea mortal. Este cuarteto angélico es diferente de aquellos cuatro ángeles que detenían los cuatro vientos en 7:1-3, donde su misión consistía en detener las fuerzas del mal y mantenerlas bajo control. Aquí los cuatro ángeles liberan poderes destructivos y operan en la región cercana al río Eufrates.

El río Eufrates es digno de ser llamado grande, porque tiene cerca de 2850 kilómetros de largo y es el río más largo e importante de toda el Asia occidental. En la frontera nordeste de Palestina, este famoso río constituía una línea de defensa contra los poderosos enemigos de Israel, los asirios. Algunas veces sus aguas se desbordaban, barriendo todo lo que tuvieran por delante. Por esto, Isaías lo usó como símbolo de las fuerzas destructivas de los asirlos, que ejecutaban los juicios divinos sobre Israel (Isaías 8:5-8). De acuerdo con la manera en que lo usa Juan, este mismo río es el sitio de los juicios de Dios sobre el mundo no salvo, aunque el elemento destructivo estará limitado a "la tercera parte". El Eufrates fue el lugar donde empezó el pecado humano y donde dominó Satanás por mucho tiempo. Ahora ese lugar sufre el azote divino (Apocalipsis 9:14; 16:12).

Los ministros angélicos de retribución no pueden actuar sin la señal de Dios. Están bajo control para "una hora, día, mes y año". Estos períodos de tiempo se refieren al control de los ángeles, y no a la duración del ministerio de destrucción. No sabemos por qué fueron mantenidos bajo control por tanto tiempo. Todo lo que sabemos es que no podrían actuar hasta la hora fijada en el programa de Dios. Siempre estuvieron listos para realizar su tarea, pero no se les soltó hasta que llegó el momento exacto, señalado en la mente de Dios (9:15). Los juicios de Dios son mantenidos dentro de las limitaciones por Él impuestas.

Este sexto juicio será agudo y abrumador. Se ve por el hecho de que "una tercera parte de los hombres" será exterminada. Bajo el tercer sello, una cuarta parte fue muerta (6:8), y ahora perece una tercera parte de las tres cuartas partes restantes. ¡Qué baño de sangre el que les aguarda a los habitantes de todo el territorio asociado con el Eufrates!

En 9:16-19 Juan describe doscientos millones de jinetes. Dios envía sus reservas para la terrible matanza de los impíos, y esas huestes invasoras y vengadoras no están constituidas por seres humanos, sino por encarnaciones demoníacas. Las guerras globales nos han acostumbrado a hablar y actuar por millones y también a ver morir millones de personas. ¡Piense en los millones y millones de muertes asociadas con la Segunda Guerra Mundial!

En el tiempo que ve Juan en su visión, Dios permitirá que un vasto y sobrecogedor ejército invada la tierra de aquellos que por mucho tiempo han estado en contra de Él. Uno de cada tres seres humanos caerá bajo estos jinetes infernales, cuyas armas del infierno son una combinación de fuego, zafiro y azufre, símbolos de tormento perdurable. Como lo expresa J. Slafford Wright:

Juan ve ahora todos los horrores de la guerra. En su tiempo los ejércitos de caballería eran las fuerzas más terribles, y él ve esto en primer lugar. Pero cuando ve bien se da cuenta de que no son caballos ordinarios, sino monstruos extraños que destruyen con el humo que sale de su boca, como también de otras bocas situadas al final de sus colas, que son como serpientes. No hay duda de que a Juan se le permitió ver los instrumentos destructores en forma de artillería. Bajo la inspiración de Satanás, el hombre hace que todas las cosas se tornen para su destrucción, y una guerra sucede a otra.

Las referencias bíblicas sobre las cualidades del caballo son numerosas, pero poco se dice de su uso como bestia de carga o para propósitos de agricultura. A los judíos se les prohibía multiplicar los caballos por el riesgo de que éstos hicieran apartar los corazones de los hombres de Jehová (Deuteronomio 17:16). Egipto era muy famoso por sus caballos de guerra, y en las Escrituras el caballo es reconocido como símbolo de guerra, mientras que el asno simboliza la paz. El poder del triunfo y la conquista se asocia con los caballos que Juan describe (Apocalipsis 6:1-8; Zacarías 6:1-8). Bajo esta sexta trompeta, las langostas con su destrucción y agonía ceden el paso a los caballos: temibles y espantosos, agentes militares agresivos de rapiña y mortandad.

Los caballos tenían como cabezas de leones (9:17). ¿Alguna vez se ha detenido usted a estudiar la cabeza de un león en un zoológico o en una fotografía? ¡Qué majestad, coraje, fuerza y valor se describen en su estampa! Con razón se dice que el león es el rey de la selva. Estos caballos de juicio con cabezas como de león son investidos con todas las cualidades de temeridad de los leones.

De sus bocas salían fuego, humo y azufre (9:17). Satanás equipará a sus cuadrúpedas huestes con una trinidad de fuerzas ofensivas y destructoras: fuego, humo y azufre. Estos elementos, salidos de las bocas de los caballos, darán a los impíos una prueba de lo que será el lago de fuego. Expidiendo gases infernales, los caballos manifestarán gran placer en cumplir su diabólica tarea. Pueden hallarse referencias adicionales a estos símbolos de angustia en 2:18; 14:10; 19:20.

Tenían colas semejantes a serpientes (9:19). En las Escrituras la cola es símbolo de los falsos profetas y las falsas enseñanzas (Isaías 9:14, 15). Tal como se usa aquí en el Apocalipsis, la cola es símbolo de la influencia maligna de Satanás, su falsedad y su engaño (12:4). "Tenían cabezas, y con ellas dañaban" (9:19), lo cual demuestra que las artimañas de Satanás son dirigidas inteligentemente. La cabeza es emblema del asiento del gobierno moral, de la inteligencia y de poder (Isaías 7:8, 9; Zacarías 6:11; 1 Corintios 11:3-10). ¿Qué esperanza tiene un pecador en sí mismo contra tal combinación de sutileza satánica y sabiduría engañosa?

El hecho de que la tercera parte de los hombres sean muertos por el fuego, el humo y el azufre que salen de las bocas de los caballos, no surte efecto positivo en el resto de los hombres. La paciencia divina ha llegado a su límite y así es como Dios permite que aquellos que merecen su ira cosechen lo que han sembrado. El persistente olvido o desafío a Dios termina en el abandono al destino merecido. Los apóstatas sobrevivientes persisten en la dureza de su corazón, a pesar de los terribles horrores de los jinetes infernales. Dos veces leemos: "Y ellos no se arrepintieron." Por esta razón, al pecado se le permite elaborar su propia ruina.

Describiendo el período final de la era de los gentiles, Jesús declaró que "la iniquidad abundará". Aquí hacemos un resumen de algunas de las horrendas formas de iniquidad que existirán durante aquellos últimos días.

Adorarán demonios.

El demonismo, la adoración a Satanás y la magia negra están diseminadas hoy. Vivimos en un mundo demonizado. Juan predice el tiempo en el cual las huestes demoníacas serán adoradas abierta y universalmente.

Adorarán ídolos.

El resto de los hombres poseen ídolos muertos, de acuerdo con su posición en la vida. Los ricos tienen dioses de oro y plata. Los de la clase media tienen ídolos de bronce y de piedra. Los pobres tienen ídolos de madera. De esta doble forma de idolatría, Satanás y los ídolos, surgen las obras malignas.

Serán homicidas.

"Y no se arrepintieron de sus homicidios." El Señor dijo que Satanás ha sido un homicida desde el principio; él fue el instigador del asesinato de Abel por Caín su hermano. Desde aquel primer asesinato en el mundo, incontables millones de seres humanos han sido asesinados incluyendo a una vasta hueste de creyentes, martirizados por su fe. En nuestro tiempo la cantidad de asesinatos es alarmante, pero en el tiempo que Juan describe aquí, cuando los hombres actúen por la energía directa de Satanás, el asesinato será practicado aun más habitualmente.

Serán hechiceros.

La hechicería y el trato ilícito con los espíritus (que son parte integral del espiritismo o espiritualismo) han tenido un avance rápido durante los pasados cincuenta años y arrojan una espantosa sombra sobre el futuro. La hechicería, fuertemente condenada en las Escrituras, llega a su ruina cuando descienden los juicios sobre todos los que trafican con "espíritus familiares". Un hecho interesante que debemos observar es que nuestra palabra "hechicería" viene del original griego fármakon, de donde viene la palabra "farmacia". A partir de una raíz que significa "encantamiento", se formó la palabra que significa actualmente "medicamento".

A. T. Robertson, en su obra Word Pictures (Análisis de palabras) dice: "Nuestra palabra farmacia, aplicada a las drogas y medicinas ha tenido una larga trayectoria para salir de su mal ambiente, pero todavía les queda cierto olor desagradable a las medicinas." Ciertamente, hemos llegado a una época en la que numerosos tipos de drogas están perjudicando la mente de multitudes de personas, especialmente muchos de los jóvenes de nuestro tiempo. El arrepentimiento estará lejos de los adictos a los narcóticos de la era de la Tribulación.

Serán fornicarios.

Cuando Dios y la justicia son rechazados y cuando prevalece la maldad en general, ¿qué más puede esperarse sino indulgencia en las formas más viles de placeres desenfrenados? La facilidad de los divorcios hace mofa del principio de salvaguardar y defender el lazo matrimonial. Las uniones se rompen casi con la misma facilidad con que se hacen. Nuestras bajas normas morales son una sombra del estado corrupto del mundo cuando se toque la sexta trompeta.

Serán ladrones.

(Vea el 9:21.) Nunca antes en la historia del mundo se había propagado tanto el robo como en nuestros días. Los ladrones de tiendas, de bancos y de otros tipos de negocios han llegado a un número espantoso. La masa de los hombres no muertos por aquellos jinetes infernales tendrá muy poco respeto por los derechos de los demás. El evangelio del día será: "Cada cual a lo suyo y el diablo que se encargue de los demás." El hombre vivirá para enriquecerse a sí mismo a expensas de su prójimo. Los ladrones internacionales que no reconocen los derechos de nadie, aumentarán en gran manera conforme la época vaya empeorando. Sin embargo, su ruina está más que segura.

Antes de entrar al paréntesis que hay entre la sexta trompeta y la séptima, hagamos un repaso del significado de las primeras seis trompetas:

Las primeras cuatro trompetas nos muestran al hombre como ciudadano de un mundo arruinado en el pecado; todo lo que está por encima y alrededor de él pone de manifiesto la maldición que ha traído la caída del hombre.

La quinta trompeta presenta al hombre como un pecador en todo el sentido de la palabra y nos muestra al mundo entero hundido en el engaño del diablo. El hombre peca; por lo tanto es del diablo y esto le trae como consecuencia los tormentos del infierno.

La sexta trompeta nos advierte claramente que los juicios vienen sobre los pecadores en virtud de la ley establecida de que el pecado debe inevitablemente traer sufrimiento. Los juicios divinamente aplicados nos hacen recordar la verdad de que "Dios está airado contra el impío cada día". Bajo esta trompeta la aplicación segura de los juicios de Dios sobre el hombre es simbolizada. Puesto que el hombre queda sin excusa, es imposible que escape del castigo.

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SOY PASTORA DE LA IGL. PENTECOSTAL JESUS EL SALVADOR, INC. EN FAJARDO, PUERTO RICO. BENDICIONES
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