EL INTERLUDIO / EL ANGEL FUERTE

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El Interludio / El Angel Fuerte

El interludio (10:1 — 11:14)

Entre la sexta trompeta y la séptima tiene lugar un impresionante y significativo paréntesis, el cual contiene una de las secciones más profundas y a la vez más sencillas del Apocalipsis, en la cual Juan vio al Ángel poderoso, al librito, la vara de medir, los dos testigos y el terremoto.

Ahora todo está señalado al final. La primera mitad de la septuagésima semana de Daniel está casi cumplida, pero los últimos días muestran al mundo en abierta rebelión contra Dios y su pueblo, contra quienes la bestia y el anticristo derraman toda su furia. Pero antes de que los apóstatas gentiles y judíos y sus seguidores beban el residuo de la venganza de Dios, aparece esta consoladora visión en medio de la obscura nube de los juicios. Este es un severo recordatorio al mundo de que, a pesar de la furia de los inicuos, el gobierno del mundo le pertenece en toda justicia al Creador, y esto será demostrado con poder. Pero la visión también está destinada a fortalecer y consolar a los creyentes, especialmente a los que están sufriendo, porque el mismo poder que aplastará al enemigo, exaltará el honor de los que sufren.

El ángel fuerte (10:1-7)

¿Quién es este ángel glorioso que ocupa el cielo, la tierra y el mar? Dios pone las nubes por su carroza (Salmo 104:3) y envía a este ángel que viene con gloria. Algunas versiones hablan de él como "un ángel fuerte". Algunos escritores ven en él el heraldo angélico que anuncia la solemne crisis que vendrá bajo el tercer ay o séptima trompeta (11:15-19). En vista de que la palabra "ángel" no denota exactamente a un miembro de la raza angélica, sino que a menudo denota una cosa o persona en servicio activo, ¿pudiera ser que este "ángel fuerte" se refiera a Cristo mismo, que sale para actuar a favor de su pueblo fiel? Observemos las diferentes características del Personaje maravilloso que domina el universo.

Cristo no sólo deja el cielo como punto y lugar de partida, sino que "desciende del cielo", que es su hogar natural (10:1). Los tratos de la Providencia con la tierra están por terminarse, así que el Señor deja su habitación celestial para establecer su reino universal una vez su programa de juicios esté consumado. ¡Cómo le alabarán las huestes de redimidos y de ángeles cuando Él salga de la presencia de ellos para tomar el poder para sí mismo y reinar!

Cristo está "envuelto en una nube" (10:1). La nube es un símbolo que requiere poca interpretación, ya que en las Escrituras las nubes figuran mayormente como indicación de la presencia y majestad de Jehová. ¡Cómo dependía Israel de la nube, la shekina de gloria! El estar vestido de una nube, entonces, es una señal pública y visible de la majestad del Señor.

Cristo tiene un arco iris sobre su cabeza (10:1). El arco iris, descrito como "la cumbre de la divinidad" que rodeaba el trono (4:3), ahora circunda la cabeza del ángel fuerte. Simboliza que hay un pacto en vigencia y por medio de él, el remanente fiel de Dios recibe garantías de que aun en medio del cruel conflicto estará seguro y no tiene qué temer. Cristo viene como el Mensajero del Dios que guarda sus pactos y convocará a la tierra para que sea testigo de que a causa del rechazo del hombre, Él está a punto de romper su pacto con el mundo. ¡Qué aspecto tan glorioso presentará el Señor con su cabeza coronada con un esplendoroso arco iris!

El rostro de Cristo es como el sol y sus pies como el fuego (10:1). Aquí nos encontramos con una repetición de lo que vimos en la visión de Patmos (1:15, 16). La doble metáfora del sol y el fuego nos habla del carácter supremo, penetrante y firme del mensaje que se va a dar. Tomados en conjunto, el rostro como el sol y los pies como columna de fuego pueden sugerir la suprema majestad de Cristo y su estabilidad eterna al experimentar la tierra la inflexible santidad de su misión judicial.

Cristo tenía un librito en su mano (10:2). La palabra "libro" viene de biblos, de donde sacamos también la palabra Biblia. Aquí tenemos una "pequeña Biblia", una versión amplificada de la cual es el libro de los siete sellos del capítulo 5. El "librito" estaba abierto, mientras que aquel libro grande estaba sellado y fue abierto por el Cordero. Este está abierto para que todos lean su mensaje inconfundible.

El pie derecho de Cristo estaba sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra (10:2). En esta descripción clara y gráfica que nos da Juan acerca del ángel fuerte. Él es presentado como una figura colosal que está de pie, y abarca tanto la tierra como el mar. Como Señor de la creación. Él domina la escena completamente. Se ha preguntado si acaso hay algún significado especial en la posición de los pies. ¡Ciertamente lo hay!

El mar — turbulento, agitado e intranquilo — representa el estado caótico y revolucionario de las naciones.

La tierra,

la cual ha estado dominada parcialmente por el hombre, simboliza el gobierno organizado de la gente educada y civilizada. Tres veces se dice que el ángel estaba parado sobre mar y tierra (10:2, 5 y 8) y esta repetición denota énfasis divino. La fuerte y firme pisada de los pies de bronce bruñido de Cristo significa la sujeción completa de todos los pueblos y fuerzas del mundo a Él. Los hombres y las fuerzas naturales de todo el universo reconocerán su dominio cuando Él ejerza tanto su derecho como su poder.

La voz de Cristo era como rugido de león (10:3). Aquí tenemos otra característica de la "voz como de muchas aguas". Ninguna voz es más temida por el hombre y por las bestias en la selva que el rugido de un león. Las voces fuertes y rugientes no siempre son inteligibles. Sin embargo, no habrá ningún malentendido en el significado del rugido del león de la tribu de Judá, pero causará intenso terror y desesperación entre los hombres (Salmo 68:33; Oseas 11:10; Joel 3:16). En el maravilloso Salmo de las voces, se nos dan siete descripciones de la majestuosa voz del Señor (Salmo 29).

Si el rugido de león es indicativo de poder irresistible, los siete truenos (10:3) hablan del terror que producirá el Señor en toda su plenitud cuando venga para aplicar juicio. Cuál será la naturaleza de este juicio, no se nos dice, porque a Juan se le dio orden de sellar lo que oyó y no escribirlo (10:4). Diez veces aparecen los truenos en el Apocalipsis, y como los estruendos proceden del trono, contienen un mensaje y un mandato divinos. Job habla del "trueno de su poder" (Job 26:14), y mientras Jesús estaba aquí en la tierra, la voz de Dios les parecía voz de trueno a los que la oyeron (Juan 12:28, 29). El trueno es la voz de Dios en el juicio y la expresión de su autoridad para juzgar.

Como las visiones de Daniel, el contenido de estos siete truenos tenía que ser cerrado y sellado. Juan los entendió y sabía que significaban la perfección de la intervención de Dios en juicio, pero el mandamiento divino en cuanto a la naturaleza de los truenos fue: "No las escribas." Gran parte de la sección profética del Apocalipsis no podrá ser entendida completamente hasta que los sucesos predichos tengan cumplimiento.

Cuando Jesús ascendió al cielo, levantó sus manos en un acto de bendición sacerdotal sobre su pueblo. Ahora, cuando asciende, levanta las manos al cielo (10:5) como jurando que cumpliría con los justos juicios del trono de Dios. La mano levantada al cielo era el gesto acostumbrado para hacer un juramento (Génesis 14:22; Deuteronomio 32:40; Daniel 12:7). Aquí tenemos una de las visiones más sublimes del Apocalipsis. Trate de visualizar la escena: El Ángel fuerte de Jehová, con el mar y la tierra bajo sus pies; El volumen de la profecía final en su mano izquierda y su mano derecha levantada al cielo, jurando por el Dios de los siglos y Creador del universo que el juicio sobre los inicuos sería inmediato.

¿Cómo debemos entender la frase "que el tiempo no sería más", o como traducen algunas versiones, "no se demoraría más"? ¿Podría ser que el clamor de toda una vida por venganza, "¿hasta cuándo, Señor?" (Salmo 13:1, 2; Apocalipsis 6:10), está a punto de ser contestado y que el día del hombre terminará ahora en un fuerte y severo juicio? Como hemos visto, el número siete sugiere perfección, y las siete trompetas y los siete truenos significan la plenitud perfecta de las advertencias de juicio de parte de Dios. No queda lugar para que ocurra ninguna cosa antes del juicio final, del cual todos los juicios anteriores han sido un anticipo. En virtud de su derecho natural y su obra redentora, Cristo vuelve ahora para consumar el juicio que le ha sido comisionado por el Padre (Juan 5:22, 27).

La palabra revelación (griego, apokálipsis) implica el descubrimiento de un misterio, y en este acto del drama el misterio de Dios (10:7) que fue predicho por los profetas y apóstoles está a punto de ser consumado (Romanos 16:25, 26; Efesios 1:9, 10, etc.). Ahora vemos muchas cosas por espejo oscuramente (por ejemplo, el misterio del aparente silencio de Dios cuando sus santos son maltratados y cruelmente perseguidos). Puesto que es un Dios de justicia, ¿por qué permite El que los terribles pecados de los hombres queden sin castigo, y por qué no interviene El para corregir los errores de la tierra?

El misterio del cual habla Juan puede ser el brutal martirio de los santos de la Tribulación y el silencio del cielo hacia este terrible mal que se está perpetrando. Pero el misterio está llegando al final. Cristo aparece para arrebatar el gobierno mundial de la mano de Satanás, para expulsar al diablo, al usurpador, y poner fin a su tiranía sobre la tierra. El misterio de la paciencia divina por más de seis milenios está ahora a punto de terminar. La hora del juicio ha llegado para que Dios vengue completa y definitivamente a sus elegidos, que han estado clamando a El día y noche.

Cuan conmovedor es el elocuente tributo de Hervey a la descripción inigualable de Juan acerca del "ángel fuerte" (del libro de Hervey llamado Meditaciones):

Observe el aspecto de este augusto personaje. Toda la brillantez del sol resplandece en su rostro y toda la furia del fuego arde en sus pies. ¡Vea sus vestiduras! Las nubes forman su túnica y las cortinas del cielo ondulan sobre sus hombros; el arco iris forma su diadema y toda la redondez de los cielos con un círculo de gloria es el ornamento de su cabeza. ¡Contemple su actitud! Un pie descansa sobre el océano y el trono sobre la tierra. La ancha y extensa tierra y el mundo de las aguas sirven de pedestal a aquellas columnas poderosas. ¡Considere su acción! Su mano está alzada hasta la altura de las estrellas; El habla y las regiones del firmamento hacen eco con poderoso acento, como resuena el desierto a media noche con el rugido del león. La artillería de los cielos se descarga como señal; el estrépito de siete truenos propaga la alarma y prepara al universo para recibir sus órdenes. Para terminar, y darle un toque de la más sublime grandeza y de la más profunda solemnidad a la representación, jura por el que vive por los siglos de los siglos.

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SOY PASTORA DE LA IGL. PENTECOSTAL JESUS EL SALVADOR, INC. EN FAJARDO, PUERTO RICO. BENDICIONES
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